domingo, 29 de marzo de 2026

La irreverencia icónica de Honys Torres / Texto curatorial de: Katherine Chacón




La irreverencia icónica de Honys Torres 


La obra de Honys Torres irrumpió hace algunos años en la escena plástica venezolana, destacándose inmediatamente por su desenfado, su humor cargado de ironía y su iconicidad directa y sin rebuscamientos. 


En los comienzos de su carrera como artista visual, Torres encausó su entusiasmo creador guiada por la intuición y la sensibilidad, pero también por el estudio, la investigación y el insistente mirar hacia la obra de otros artistas –como Georg Baselitz y, sobre todo, James Rizzi– en los que fue encontrando referencias fundamentales. 


La artista ha desarrollado un lenguaje que se aviene a su carácter desenvuelto y que se inscribe dentro de la tendencia conocida como el Neo-Pop, una corriente del arte contemporáneo que recurre al inmenso imaginario popular de nuestra era para aludir a temas tan actuales como el poder, la sexualidad, la violencia, el hipermercado, y la vida urbana, entre otros. Para ello, los artistas del Neo-Pop se valen de múltiples medios, y de la combinación de referencias de diversa índole y procedencia.


En su primera exposición individual, “El imperio contraataca” –que fue exhibida exitosamente en varios museos venezolanos–, el humor punzante de Torres se dejó sentir desde el título, que aludía tanto al vocablo en boga para referirse a los Estados Unidos en la política venezolana, como a la película homónima de la saga hollywoodense Star Wars. En esa ocasión, la artista desplegó todo un mundo de referencias massmediáticas para realizar pinturas y esculturas en las que hacía una crítica a la industria del fast food. Mezclando personajes provenientes de la película homónima, de la publicidad de las cadenas de comida, de los comics y series televisivas, y de la historia y del imaginario popular venezolanos, Torres logró impactar por la efectividad visual de su propuesta. 


Además de la yuxtaposición de iconos heterogéneos y de la subsecuente complejización del entramado conceptual que esto produce, destacó en esta exhibición la factura plástica de las piezas. Sin duda, Torres había logrado concretar un lenguaje muy personal, que hablaba de su solvencia expresiva. Al uso de colores vivos y contrastantes, y a la creación de figuras de gruesos contornos, se sumaba la ejecución de superficies con patrones, líneas o cuadrículas también coloreadas. Esta interacción cromática, aunada a la composición de grandes figuras que miran al espectador desde el primer plano, otorgaba un gran dinamismo a las obras, que lograban transmitir violencia y, al mismo tiempo, comicidad.


La más reciente producción de Honys Torres parte de su estudio de La Piedad, pieza representativa del renacimiento italiano. En su discurso, Torres contrapone la solemnidad sacra de este archiconocido ícono del arte universal –ejemplo sumo de armonía compositiva– a su lenguaje de formas, colores y contenidos perturbadores. La artista toma la escultura de Miguel Ángel como patrón de una serie de composiciones en las que incorpora a personajes tomados de los medios de comunicación, las películas y la política internacional, presentándolos en parejas que replican los roles compositivos que la Virgen María y Jesucristo tienen en la famosa escultura. Estas parejas, en su disparatado encuentro, promueven un estallido de connotaciones críticas sobre temas como la política internacional, la diversidad de géneros, el tráfico de órganos, el impacto de los influencers, el racismo o la religión, entre otros. 


Para la artista, estas obras son “crónicas en imágenes” que relatan hechos concretos bajo una interpretación que, por su agudeza, despierta el cuestionamiento y la reflexión, y se acopla a lo que para ella es el verdadero fin del arte: crear sentidos que nos permitan ver lo hay detrás de la cara sonriente del status quo.


Katherine Chacón

Miami, junio de 2019

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