domingo, 29 de marzo de 2026

Obra: FUTUZURICH de Honys Torres




Titulo: FUTUZURICH
Año: 2025
Técnica: Acrílico/Canvas
Médidas: 120 cm x 100



En FUTUZURICH, Honys Torres despliega una cartografía visual donde la tradición suiza y la iconografía global del futuro colisionan sin pedir permiso. La obra se sitúa en un punto de fricción: Zurich, ciudad de orden y memoria alpina, es reimaginada como un ecosistema tecnológico exuberante, saturado y en plena mutación.


El fondo arquitectónico —el Haus Zum Falken de Santiago Calatrava— no es un simple escenario. Es el símbolo de una ruptura urbana reciente: un edificio futurista incrustado en el tejido histórico de Stadelhofen, financiado por AXA, cuya presencia marca el ingreso definitivo de Zurich en la estética del siglo XXI. Torres lo utiliza como un tótem contemporáneo, un recordatorio de que el futuro ya no es promesa, sino infraestructura.


En primer plano, la artista despliega un horror vacui pop que combina robots de reparto, taxis autónomos y referencias explícitas a la mitología audiovisual de la ciencia ficción —de Star Wars a Futurama, pasando por la visión protofuturista de Los Supersónicos. Esta acumulación no es caprichosa: es un comentario sobre la manera en que la cultura popular ha moldeado nuestra imaginación tecnológica más que cualquier discurso académico o político.


El gesto más contundente de la obra es la figura central: una Heidi robotizada. Al transformar el personaje literario más emblemático de Suiza en un androide, Torres desactiva la nostalgia alpina y la reprograma. Heidi, símbolo de inocencia pastoral y mito fundacional de la identidad suiza, se convierte aquí en un organismo híbrido que encarna la tensión entre memoria y progreso. La artista anticipa, sin declararlo, el bicentenario del nacimiento de Johanna Spyri (1827–2027), situando a su Heidi en un eje temporal que conecta pasado, presente y un futuro que ya no es utopía, sino cotidianidad.


Formalmente, FUTUZURICH opera desde la saturación: colores intensos, líneas gruesas, personajes superpuestos y un ritmo visual que roza lo caótico sin perder control. Esta estética del exceso funciona como contrapunto crítico a la imagen internacional de Zurich como ciudad pulcra, eficiente y contenida. Torres propone una lectura alternativa: una Zurich vibrante, ruidosa, lúdica y profundamente humana en su relación con la tecnología.


El título, un juego lingüístico entre “futuro” y “Zurich”, no describe: decreta.

La obra no pregunta si la ciudad está preparada para el futuro; afirma que ya vive en él.


FUTUZURICH es, en última instancia, un manifiesto gráfico.

Una declaración sobre identidad, urbanismo, memoria cultural y la inevitabilidad de la transformación tecnológica.

Una pieza que se ríe del futuro mientras lo abraza, y que observa a Zurich con el mismo cariño crítico con el que desmonta sus mitos.

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